
Américo Ibarra Lara
Profesor Asociado
Universisa de Santiago de Chile
Es costumbre ya en los períodicos y revistas encontrar múltiples opiniones acerca la sensación que la ciudadanía percibe sobre seguridad. Se plantea abiertamente que la sociedad o al menos la gran mayoría de la población percibe una condición de inseguridad en el país. Una condición que suele asignarse por hechos o suceso que la sociedad en su constructo define como inadecuados y/o fuera de toda norma social y moral aceptable. Es evidente que muchos han asignado valoraciones diferenciadas a los hechos conforme el impacto comunicacional y cuando más por el valor que la legislación habría asignado a ciertas conductas y hechos y que a los efectos se han denominado como de mayor connotación social.
Siempre suele ser lo mismo y en mi opinión inducimos a error. Acaso la mayor parte de los juicios emitidos no suelen concentrar su atención en explicación como fenómeno social a condiciones de marginalidad, educación y urbanísmo. Los supuestos de que el hombre es racional confunde a veces los juicios que en realidad debemos hacer, pues asignamos directamente y sin explicación valores no probatorios a los factores educacionales y patrimoniales como explicativos de conductas alejadas de la costumbre, la moral y la Ley. En esa explicación, sólo aquellos que lograron superar la condicion de marginalidad alcanzan una posición casi divina, cubierta por un manto de la bondad, de honestidad y de buenas costumbres y que, a contrario sensu, en el extremo, quienes conviven en los estratos sociales más vulnerables son quienes actúan fuera de toda condición moral y legal. Diferentes estudios en crimonología refutan las primarias opiniones y establecen que el problema es multifactorial, donde la pobreza, la educación y la marginalidad son algunos de los factores explicativos e incluso nadie podría argumentar con solidez que son los más importantes.
No es mi afán exponer en estas reflexiones las explicaciones criminológicas sobre conductas que transgreden los acuerdos sociales. Es posible que lo encuentre en otros artículo. Sólo intento aquí exponer algunas ideas y reflexiones que nos inviten a todos a tener un análisis simple sobre el tema. Acaso para mi intentar explicar con una historia imaginaria es más fácil en esta oacsión para los fines que persigo.
Debo partir este cuento exponiendo que esta situación sólo surge de mi imaginario y cualquier semejanza con la realidad es una desafortunada coincidencia:
"Hace muchos años Blindado Perito, ciudadano y estudioso del hacer administrativo se propuso estudiar el desarrollo organizacional. Su objetivo era decribir lo que la naturaleza humana hacía en una jornada normal de trabajo, y daba lo mismo si este juicio se efectúaba a propósitos analíticos sobre instituciones públicas y/o privadas.
En la descripción que Blindado efectuó dscribió que "el Pancho" (Francisco Galindo Ortuzar, tiene por nombre) como le decían sus amigos detentaba el cargo de Gerente de Finanzas del Banco Fomento Empresa. No muchos se explicaban como había llegado al cargo. Tenía estudios en administración en alguna Universidad del país, y habia destinado su tiempo a estudios posteriores en especialidad financiera, pero no contaba al momento de asumir en sus funciones con un dilatado historial profesional. A sus compañeros de estudios universitarios le pareció agradable pero asombroso ver a su ex compañero asumiendo importantes funciones gerenciales en una prestigiosa entidad financiera del país. Era inusitado e impensado declaraba un viejo conocido porque nunca obtuvo sobresalientes calificaciones, y la mayor parte del tiempo la destinaba a tocatas con sus amigos del barrio alto, donde su expresión musical tenía claramente un marcado sentido político social. Lo que nadie nunca supo, porque para nadie era muy importante, es que provenía de una connotada familia tradicional.
Jovén, buena presencia y con tonos a la sazón de la temporada, se presentaba siempre "el Pancho" a trabajar. Llegaba ya por esos años, decribía Blindado, en un auto último modelo, de esos que la gente humilde y los funcionarios o trabajadores del banco, profesionales y administrativos sólo podrían ver desde lejos, pues las compensaciones recibidas no permitían acceder a dichos lujos. No olvidemos que en esos años, tener un vehículo no era común, según relataba la historia de la época.
El Pancho a su oficina solía llegar entre las 10 y las 11 de la mañana, no obstante su hora contractual estabecía una jornada de 48 horas, conforme la ley, entre las 8:30 a.m., y las 18:00 p.m., si no se presentaba ningún inconveniente. El joven se tomaba su tiempo en el almuerzo, cerca de dos horas en promedio y por lo regular, según se observó, se retiraba puntualmente a las seis de la tarde. Su labor estaba definida de tal forma que debía planificar y desarrollar la gestión financiera institucional, esto es obtener, administrar y aplicar los recursos financieros a los objetivos de la organización conforme las pautas y directivas establecidas por la Gerencia General del Banco y sujetas a la normativa vigente y existente a la fecha. La Gerencia General del banco seguía sin objeción alguna las políticas estabecidas por la Junta Directiva. El Pancho, no podía sino preocuparse por su calidad de vida y por la calidad y comodidades que requería un cargo como el que detentaba. Nada mal, con baño privado y muchos teléfonos cercanos a él. Un gran equipo de profesionales y asistentes ya trabajaba para él, e inteligentes secretarias, damas distinguidas, solían bloquear cualquier acceso para acceder a su ofina. Era casi impenetrable.
A poco y con el ingenio propio de la juventud, un asesor recién ingresado a la gerencia se percató de que existían muchos vínculos y cruces de amigos y familias en la organización, primos, hermanos, cuñados, etc. En general se podía pensar que una red potente se estaba formando. Un equipo algunos le llamaban a ello. Pero al mismo tiempo, la agudeza del joven asistente le permitió reconocer que muchos movimientos financieros se efectuaban sin llevar registro alguno y si de alguno se llevaba, sólo la buena voluntad de algunos o una estrategia de protección era la que los funcionarios seguían. Establecían mecanísmos de registros que pudiesen resguardar no el interés de la institución sino su propia estabilidad laboral. Muchas ideas cruzaron su cabeza, la facilidad apreciable para acometer acciones reñidas con la moral, una gran posibilidad para el enriquecerse facilmente y en un corto plazo. Muchos miles de millones de dólares se movilizaban por sus manos y nada habría costado reorientar al menos una fracción de ellos para su beneficio personal. Intentó varias veces establecer algunos mecanísmos de control. No era fácil. Se preguntaba porqué nadie aceptaba seguir un riguroso proceso para garantir la dinámica de la asignación, inversión, aplicación de recursos. Una sóla respuesta primaba: "la confianza".
Era un secreto a voces el que "Rigurso Pefecto", amigo entrañable de "el Pancho", y que tenia una costumbre no extraña para nadie, gustaba del buen café y salía todos los días una vez llegado a la oficina a deleitarse con uno, de esos que llaman con largas piernas y que es pura exportación chilena". Una hora le tomaba diariamente. Nadie le cuestionaba este gusto por su eficiencia. Nadie podía argumentar que su trabajo no estaba listo cuando se requería, Cuestión diferente sería si uno analizaba con detención la calidad del mismo. Pero en fín. Era parte de la lógica cultural conque se movia la organización. Riguroso, se juntaba allí con su gran amigo "Ausente Camacho", un señor mayor que siempre requería dineros de más porque gustaba de la buena vida. El dinero ganado en exceso, lo genreaba con trabajos adicionales, de esos que pdía hacer dada la libertad que tenía en la repartición donde trabajaba. En verdad a veces lograba tener más de un trabajo remunerado simultaneamente a la vez. No era pecado, porque siempre se hacía bajo la condición de honorarios y con una llamada "glosa" decía, fuera de su jornada de trabajo. Hasta allí todo bien. Nada era extraño, nadie le reclamaba y el silencio reinante parecía hacer que todos lo aceptaban. Era parte de la cultura y la institucionalidad. Ausente Camacho era un hombre esforzado, trabajador, ingenioso y creativo. Ausente Camacho, contaba que era común ver no sólo la ausencia de algunos trabajadores, sino que aún cuando la gente estaba en sus oficinas, solían reposar con mucha comidad. Algunos decía, en importantes instituciones , pero funcionarios de bajo perfil, llegaban a dormir incluso la siesta, a vista y paciencia de todos. Era increible, se reían de todos esos sucesos.
Bueno, un día aulquiera funcionario del banco, y por tanto trabajador dependiente fue acusado de haber cometido actos impropios. Se le acuso, de tener inclinaciones sexuales que reñian con la moral. Nada nunca se le pudo comprobar. Sin embargo, todos cuando el pasaba, lo miraban con desconfianza. Nadie lo sabía pero un gran pesar comenzaba a recaer en los hombros de "Juanito". Que curioso todos, todos lo sentenciaron, sin embargo nadie nunca se preocupó de saber que el era padre de familia con 25 años de casado, tres hijos, todos universitarios, y que trabajaba de taxista hasta cerca de las tres de la mañana todos los días, peus el dinero no le alcanzaba para sostener el gasto familiar. Su señora también trabajaba, era lavandera del barrio y debe haberlo hecho bstante bien porque juntos lograban mantener una casa linda, limpia y decente. Sus hijos tambien colaboraban, los fines de semana trabajaban lavando autos. Incluso montaron una mini empresa. Sólo para terminar, todos se preguntaban en la oficina de dónde sacaba Juanito, que hará comprarse su autito, "¿estará robando?".
Volvamos al Pancho, nuestro ejecutivo jóven. Pancho, tenía establecido que el personalmente atendería a algunos clientes específicos, no más de tres o cuatro donde se encontraba Camilo Ibañez Irrarázabal, hombre conocido por su astucia y habilidad en los negocios, multimillonario llegaba. Nadie nunca supo de que hablaban, pero cuando Camilo salía, pancho se frotaba las manos. ¿Qué sueños tendría?. Todos quienes dependían de Pancho, pensaban que los bigotes se arreglaba. No sabían que Camilo y Pancho tenían un gusto en común: Eran escaladores de alta montaña y constantemente salían en sus aventuras peligrosas. La imaginación vuela rápido........
Pongamos final a este relato, pues es uno como cualquiera........ "
No sería posible a estas alturas no reconcer que los desarrollo científicos y tecnológicos evidentemente han cambiando, que las exigencias sociales, morales y legales también han dufrido una gran mutación. pero algunas cosas quedan en el imaginario colectivo, muchas de elas burdas, como las que a continuación indico:
Los marginales son los únicos que cometen acciones amorales e ilegales.
Se les roba a los ricos. Acaso los pobres por alguna razón extraña no sufren robos, violaciones, etc.
Los ladrones se van al barrio alto a robar.
Entre más lejos del barrio alto estoy, mas inseguro me siento.
Los pobres no tienen educación y eso los convierte en individuos drogadictos, violadores, lanzas....
Los ricos no roban.
Los robos sólo se refieren a exprociaciones objetivas de materialidades, y su difusión es mayor cuan más importante es la pesona.
Son las condiciones urbanas las que ahcen al ladrón,
Si un individuo de famila bien, debe haber estado depresivo, mal aconsejado, debe haber sufrido un ataque de locura, de otra forma no se entiende...
Son sólo ilícitos de alta connotación social aquellos referidos a asaltos, robos con violencia, homicidios, violaciones, etc. A ellos la sociedad le otorga una importancia importante pero al mismo tiempo desmedida. Los escándalos más bullados y hasta hoy algunos inculpados, al menos al caso chileno, y que podrían asemejarse a la historía relatada anteriormente como son el caso MOP GATE, SOBRESUELDOS, INDEMNIZACIONES, etc., todas acciones cuestionables por la sociedad; sin embargo su trasfondo y cuestionamiento pareciera tener un trasfondo político. No quiero aparecer como defensor de cada caso,No; sólo llamar la atención en una sóla cuestión: "puede no haber existido un procedimiento claro que avalara lo realizado, sin embargo, ni una política que regulara al menos el marco en cómo debían hacerse las coas".
Es dificil saber porque nadie cuestiona cuestiones como las relatadas en esta historia montada para un análisis en particular, sobretodo cuando es común y ocurre al amparo de una legislación dónde está permitido hacer lo que no se prohibe, donde el mercado permite hacer y ganar conforme la ley del más fuerte, la de mercado. No cuestono aquello, pero ¿acaso, este relato, no nos permite ver con mayor claridad que existen diversas formas de afectar la seguridad ciudadana? ¿ acaso la desigualdad; la ofensa desproporcionada; la discriminación; el juicio y comentario mal intencionado, no son expresiones de Inseguridad ciudadana?. Todo depende del cristal con que se mire. Es importante aclarar que en lo Público las limitaciones son mayores en tanto sólo se puede hacer lo que esta establecido y cualquier acción en contrario es cuestionable, y ello es quizas la mayor de las complicaciones pues ante la ausencia de procedimientos y la necesidad de hacer, muchas veces es fácil acometer acciones que no siendo un hecho reñido con las costumbre, implica someter al enjuiciamiento de las personas. No es caso esto último una condición de inseguridad, pero sin embargo no somos capaces de poner ante ello alarmas ni cercos eléctricos, y pareciera no importale a mucho a la sociedad. No seremos nonstros mismo, los hombres causantes de nuestra propia inseguridad.
Usted será libre de leer e interpretar muchas situaciones y sacar muchas conclusiones más si se lo propone al analizar este relato que surge del imaginario académico.
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