Thursday, June 29, 2006

¿Existe La Educación Que Queremos?


Américo Ibarra
Académico Asociado
Universidad de Santiago

Hace algunos días unos jóvenes nos contaron una historia que aparecía simple, pero cuyo trasfondo era complejo. En nuestro país silenciosamente se estaba tramando un movimiento que conversaba, analizaba y discutía sobre que tipo de educación era mejor para nuestra sociedad, sobre las formas y estrategias educacionales que podían aplicarse para mejorar los estándares de desarrollo social y económico en nuestro país.
Los resultados de las pruebas SIMCE Y la PSU, en apariencia daban cuenta que la formación de Colegios Particulares era mejor que aquella que recibían alumnos de Colegios Particulares Subvencionados y Municipalizados. Este suceso, y cualquiera podía analizar que sus resultados daban cuenta de una aparente desigualdad social, de inequidad y de poca efectividad de las políticas aplicadas por el gobierno y que ejecutaban diferentes estamentos que asignaban y distribuían los recursos humanos, financieros y tecnológicos que se habían puesto al servicio de una mejora sustantiva en la educación, factor clave en el desarrollo económico y social, según las declaraciones políticas y públicas que han efectuado los gobiernos en los últimos 50 años.

La complejidad económica, social y política parecían mostrar - véase los resultados de encuestas y estadísticas derivadas de los resultados y estándares oficiales y no oficiales de medición-, que la educación no era igualitaria, presentaba accesos limitados, con procesos de aprendizaje poco efectivos, donde no muchos sabían escribir y muchos no sabían leer, al menos no entendían lo que leían. Todos, y me incluyo, nos olvidamos de las reglas ortográficas y gramaticales que dan sentido a lo que decimos y escribimos; y sin embargo, con soltura cuestionamos los modelos creyendo que es posible mejorarlos, sin poder definir ni descubrir la fórmula ideal o perfecta para ello.

A la fecha, estructuras organizacionales especialidazadas no dán con recetas ajustadas y adecuadas a los requerimientos de la sociedad en muchos de los problemas que son de interés para la ciudadanía, entre ellas la calidad de la educación. Modelos con participación ciudadana tampoco han sido capaces de establecer requerimientos específicos, más por cuanto no todos tienen la preparación o los conocimientos para abordar de manera sólida este u otro tipo de problema y cuya dimensión e impacto se condiciona a tiempos y espacios específicos.
No obstante lo anterior y en un espacio temporal determinado, un grupo mayoritario de estudiantes secundarios logró, con la fuerza y los ímpetus de la juventud, poner en la discusión y en la agenda gubernamental, la delicada situación que enfrenta la educación pública en particular y su alto grado de frustración por la diferencia aparente que existiría en la calidad de la enseñanza recibida en comparación con la eduación pagada; pero al mismo tiempo exponen su frustración e insatisfacción sobre el llamado "modelo educativo" demandando cambios profundos ; se generó un fenómeno social de características especiales: ....todos estabamos de acuerdo que era necesario y urgente tomar una posición, enfrentar y mejorar de una vez por todas este flagelo que comprometía el desarrollo de nuestro país, que "hipotecaba el futuro de nuestros jóvenes". Es curioso, pero a esas alturas nadie entendía el significado de ello, y quizas aún no sea posible dimensionarlo. La esperanza es que en algún momento podamos ponernos de acuerdo en las implicancias y alcances de los conceptos que el común de las personas en algún momento declaro conocer y manejar. Sin embargo, también surgía un mínimo común en la discusión: se requiere cambiar la LOCE; bastaba una pregunta simple para eliminar este argumento: ¿qué es la LOCE y cuáles son sus implicancias?. Se le han leído? A veces ni los propios entendidos podían aclarar el término - basta con contar las veces en que se le denominó Ley Orgánica Constitucional de Educación, cuando en verdad es de Enseñanza.

De igual forma, en otras ocasiones se cuestionó el modelo bajo una dimensión política, en tanto cuanto esta Ley, la Ley Nº 18.962 se publicó el 10 de marzo de 1990, y muchas de las veces se le denominó mala porque "la estableció la dictadura". Una pregunta objetiva cabe hacer sobre este argumento: ¿Es caso esa sóla condición la que dá cuenta de su perversidad o de sus beneficios y por ello la necesidad de derogarla o modificarla?. La respuesta dependerá del lugar en que usted la mire. En mi opinión y de su lectura, sin apego a modelos ideológicos en particular, la Ley sólo otorga un marco referencial sobre los requisitos mínimos que deberá cumplir cada nivel de enseñanza, y establece el o los procedimientos que regulan o sancionan el reconocimiento oficial de los establecimientos educacionales. Nadie duda que este marco normativo puede estar sujeto a mejoras. Nadie puede ser tan rígido para no reconcoer que siempre debe existir algún grado de flexibilidad para adecuarse a las nuevas exigencias y carencias, conforme el avance tecnológico, social y económico. Pero el fundamento no puede ser tan espureo y vago para requerir su modificación tanto en su forma y fondo por su naturaleza. Cualquier fundamento en dicho sentido parece un argumento por decirlo de un modo elegante muy poco sólido y sustentable.

¿Cuándo hablamos de calidad, sabemos acaso a que nos referimos?. Existe acaso un estándar de calidad consensuado sobre el cual medir y comparar?. Alguien con rigor metodológico podría criticar el proceso de medición, la metodología aun cuando existiese consenso sobre el contenido. Hasta donde uno pude interpretar "calidad" implicaría la aplicación copulativa de dos conceptos: Forma y Fondo. Los modelos teóricos de administración llaman a esta dimensión el diseño y contenido y obligan a procesos complejos para su delimitación dependiendo del usuario o cliente a que se pretenda satisfacer. En nuestro país podemos observar que existen diversos modelos o proyectos educativos, incluso algunos son llamados alternativos, y cuyos resultados nadie cuestiona de fondo ni de forma. Y aún cuando fuesen sujeto de críticas, quienes no optan por este tipo de formación y desarrollo no tienen los argumentos suficientes para juzgar si son más o menos adecuados.
En esta línea de argumentos una mayor reflexión temática se ha tenido al plantear la necesidad de evaluar si ha existido un mejoramiento en la calidad de la educación a partir de la mayor inyección de recursos que se han aplicado en el sector por parte del estado. No se trata de cuestionar la política, sino que vale la pena preguntarse si se observan cambios positivos en los sistema de evaluación (cuestionables o no). Los resultados no son mejores a pesar de que se ha mejorado la infraestructura, los accesos a tecnologías de información, se ha favorecido y premiado todo proceso de actualización y perfeccionamiento docente (se han incrementado las remuneraciones muy por sobre el promedio nacional), se ha ampliado el tiempo de estadía de los alumnos en los establecimientos educacionales aplicando la Jornada Escolar Completa (JEC), como una solución integral que no pretendía solo que se dedicase más tiempo a estudiar (algo que no queda claro como finalidad explícita efectiva), sino que venía a solucionar problemas económicos y sociales dada la multifactorialidad que importa una transformación de esta naturaleza, disminuyendo los riesgos sociales a los que jóvenes y niños se even expuestos, más cuando pertenecen a grupos catalogados como vulnerables, aún cuando su alcance aglutina a todo el universo de estudiantes.
Mucho se podría decir sobre esta materia, pero estas notas pretenden llamar la atención no en todos sino en uno de los aspectos que involucra el proceso de reforma educacional al que nuestros niños y jóvenes se exponen. Una comisión de hombres nobles y representativos está comisionado para dar respuestas simples e inteligentes a problemas complejos. Ojalá lo logren, pero queda como interrogante si el voluntarismo de algunos colaborará en mejorar las definiciones y estrategias con las que hoy contamos, dados los niveles de intereses vigentes. No me detendré aquí porque entiendo que es una fórmula más y lo que abunda no daña. No obstante, es oportuno detenerse en cuestiones que aun siendo pedestres y de sentido común podrían colaborar en el análisis de éste gran problema y su proyección en el tiempo.
Así, al contextualizar de manera simple lo expuesto y sumar algunas variables, podemos decir lo siguiente:
  1. No existe evidencia de que existan trabas o limitaciones para acceder a educación, dentro de los límites legales vigentes. La evidencia indica que la educación es obligatoria hasta completar la enseñanza media. Nadie puede obligar a mantenerse dentro del sistema a quien se quiera salir de él. Todos tienen igualdad de acceso a la educación y a modelos educacionales con un mínimo definido y regulado. Es decir, quien tenga la capacidad y así lo desee, puede completar sus estudios "secundarios".
  2. El piso está establecido por la autoridad técnica correspondiente y existen garantías estatales y constitucionales para ello.
  3. Se reconoce que existen dificultades de acceso según caracterizaciones geográficas, es decir con dificultades para acercarse y/o movilizarse hasta los establecimientos educacionales y que ello se hace más evidente en condiciones de ruralidad.
  4. Que existe evidencia de alta movilidad escolar entre comunas debido a las evaluaciones de calidad que efectúan los padres y apoderados sobre colegios y/o escuelas que se ubican en espacios territoriales cercanos a su habitat y que esta movilidad escolar tiene y conlleva impatos económicos y sociales de dificil medición y cuantificación.
  5. Que los mejores estudiantes, aquellos con capacidades y conel apoyo familiar, si lo requieren pueden ingresar a establecimientos educacionales de mejor calidad e incluso fuera de su espacio territorial. Asumiendo el incremento marginal en los costos dad la decisión tomada.
  6. Existirán precios diferenciados según la prestación del servicio educativo seleccionado e a medida que exista demanda de servicios añadidos y valorados por los consumidores como externalidades positivas asociadas a la compra del servicio.
  7. Que los resultados en fecto indican o tienden a mostrar un mejor rendimiento en aquellos establecimientos educacionales particulares y particulares subvencionados por sobre los municipalizados pero que ello no obedece exclusivamente a razones de condiciones sociales y/o económicas. En teoría, si las condiciones de vida, capacidades y habilidades de los estudiantes fuesen equivalentes, con independencia de su estrato socio económico, y el modelo fuese similar o en extremo el mismo, entonces nada haría pensar que los resultados debiesen mostrar diferencias significativas entre unos y otros; luego, deben existir otros factores que marcan diferencias significativas pero que estan muy lejanas a la condición de educación pública o privada, luego no es un problema de la propiedad.
  8. Que es evidente que el gasto en educación sea por la vía de mejorar las condiciones laborales en los establecimientos educacionales, entendiendo mejoras en las compensaciones pecuniarias o en infraestructura, incluso incrementando la permanencia de los estudiantes en los establecimientos educacionales, no han sido variables que hubieren representado o implicado mejoras en las evaluaciones oficiales acerca del proceso de aprendizaje ni en la calidad de la educación.

Luego, todo parece indicar que son los factores ambientales donde el sujeto se desenvuelve y las motivaciones a las que se enfrenta, fuera y dentro del establecimiento educacional, las que marcan su real desempeño académico con independencia de su condición socioeconómica o estrato social. Entonces, y aún pecando de un análisis minimalista cabe hacer la pregunta : ¿no serán las caracteristicas familiares, las exigencias sociales, los proyectos educativos, características y capacidades institucionales y del profesorado las variables que inciden en las diferencias entre quienes obtienen buenos y malos resultados con independencia de los sistemas de evaluación que se utilicen. Si esto fuera cierto, el problema sería de tal magnitud dado que ninguna de ellas son variables directamente administrables por autoridad pública competente alguna.

En mi opinión la diferencia la marca "el liderazgo en la gestión académica". Colegios bien administrados, con proyectos académicos claros, modernos, con académicos motivados y exigidos (también premiados) sobre la base de resultados marcan las diferencias. En caso contrario ¿cómo explicar resultados y los logros de un Carmela Carvajal, un Liceo Nº1 , un Instituto Nacional, y tantos otros a nivel regional, hoy llamados colegios emblemáticos?; muchos de ellos con resultados muy superiores a los que obtienen establecimientos privados.

Sin embargo, y más allá de estas reflexiones, responsablemente debemos tener reflexionar con cuidado sobre ¿Qué éxito es el que buscamos, el nuestro o el de nuestros hijos?, ¿ el éxito del establecimiento educacional o el aprendizaje y la forma en que nuestros hijos gozan, piensan y disfrutan su aprendizaje?. Me inclino a pensar que las decisiones las tomamos como gente adulta y racional, en que prevalecen nuestras propias inclinaciones y preferencias y pocas veces nos preguntamos que será mejor para los chicos.

Nos enfrentamos entonces a un problema complejo, el éxito del establecimiento educacional (por los resultados y posición en los ranking) suele ser el primer indicador de calidad observado. ¿No será acaso éste nuestro primer error?. Alguna vez nos preguntamos si existe un estándar de diseño y contenido que se ajuste a nuestra forma de ver e interpretar el mundo. En segundo lugar, y bajo un criterio minimalista es evidente que tendemos a utilizar estas variables como criterios de selección a la hora de definir el tipo de colegio y de educación que nos gustaría para nuestros propios hijos ymuchas de las veces no nos damos el tiempo para reflexionar - antes de tomar la decisión - si el tipo de metodología utilizada se ajusta a las cracterísticas, carencias y necesidades de nuestros hijos?.

Si en el proceso de enseñanza de nuestros hijos los resultados no son satisfactorios, ¿quién realmente es el culpable?. ¿El padre o la madre que debe dedicar horas de su vida a proveer los recursos para satisfacer las necesidades familiares de acuerdo al estándar de vida que refleja el éxito familiar?. No será qué el criterio que utilizan los "maestros" no son lo más ajustados para motivar y desarrollar las habilidades de nuestros hijos. Será que ganan poco?, qué no están bien motivados?, qué no tienen el criterio suficiente para reaccionar ante la diversidad de caracteres?. No hay respuestas únicas, mas bien son todas las anteriores. Sin embargo nuesra postura es autocomplaciente y con ello sólo reflejamos nuestra propia debilidad.

No tengo una respuesta categórica, sino un juicio sesgado de acuerdo a mis propios intereses, sin embargo creo y estoy convencido que es necesario un análisis completo y complejo y multidisciplinario, donde cada cual reconoce su propia ignorancia y lo hace con humildad, compartiendo experiencias y juicios de valor, y en la discusión deberemos reconocer nuestros límites y sesgos hasta concretar una solución integral que aún cuando no sea óptima permita tomar una opcion, siempre que ella sea oportuna, eficiente, efectiva, eficaz y de calidad . Tal vez llegemos a una sola conclusión, no habrá nunca una educación ideal y menos una como en lo particular nos gustaría tener.

Nota. Todo juicio o comentario expuesto aquí sólo representa una reflexión del autor en su condición personal y profesional sobre el tema trtado y no puede comprometer el pensamiento de la Universidad de Santiago de Chile.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home